Wilde y el mensaje

Oscar Wilde dijo: Para escribir solo se necesitan dos cosas, tener algo que decir, y decirlo.

Las dos reglas de Wilde, tener algo que decir y decirlo, son evidentemente una entelequia. He usado una palabra antigua, muy antigua, para significar que la frase de Wilde es algo que no es real. Es fácil decir algo. Es sencillo, hasta cierto punto, puesto que uno no necesita preocuparse por la verosimilitud, por la veracidad o por la conveniencia y utilidad de decirlo. Lo que es sumamente difícil es tener algo que decir. Cuando escribo, generalmente no me preocupo por eso. Si hubiera que hacer un examen de lo que tenemos por decir antes de decirlo, probablemente la enorme mayoría de la gente dedicada a la literatura enmudecería. Wilde se está olvidando el costado lúdico, el lado del juego y del divertimento. Justamente él, que ha sido tremendamente ocurrente y provocador. Cuando yo escribo, no se los otros, hay un lado que remite a una niñez y un juego de castillo de arena, o de mecano, que nos servía para fabricar maquinarias que nunca funcionarían.

Por otro lado, el costado de tener algo que decir suena decididamente pretencioso, como si fuéramos visitados por el oráculo y, allá debajo o detrás de las pantallas, un montón de fieles estuvieran esperando escuchar o leer nuestra buena nueva. Lamento desilusionarnos, no hay mensaje, no hay nada que decir, nadie está esperando por nosotros ni conmoveremos a nadie en ningún sitio. Tener algo que decir significa, justamente, querer decir algo, cualquier cosa, por más tonta que nos parezca. Y si lo hacemos divertido y nos divertimos, mejor. Aunque sea trágico, lo mismo da.