De escribas, escribientes y escritores

Me pregunto si la licencia del título es un divertimento de consagrado, una transgresión de rebelde o un símbolo subyacente de otra cosa. Quizás jamás pueda yo adivinar cuál otra cosa. Pero el cuento que publico con perdón de sus derechos editoriales, cosa que me acongoja, Fin del mundo fin comienza siendo extraño desde el título y continúa con esa rareza monocorde hasta el final. El fin del mundo se precipita cuando los muchos escribientes que hay sobre el planeta se dedican a llenar papel sin destino. Cortázar les llama escribas. Suena despersonalizado y tiene la misma entidad que mandatario. El mandante es el escritor. Ese que no abunda sino que escasea.

La fábula es más real estos días que en aquellos que parecen, a la luz de su nostalgia, la vida dorada del artista. Similarmente a lo que ocurre con su autopista o hasta con su casa tomada, él lo vio venir. Vio esta polución de textos y hojas y papeles, como éste, que pretenden decirnos algo pero que se agotan en referencias propias de atroz narcisismo. Imaginó mares secados por papeles de todo tipo, frenéticamente dispuestos por escribas, no por escritores. Yo sería más benévolo y autoindulgente llamándonos escribientes.

La gente, esa horrible palabra que define a todos y a ninguno, necesita expresar su tedio, su mortuoria desolación pagana. Y ya no necesita acumular papeles. Esa no la vio el Mago. Nunca supo que los mares no se secarán porque la tinta ha sido finalmente reemplazada por la ilusión. Si pudiera ver esta sobredosis de imágenes, algunas de las cuales incluso se leen, seguramente volvería sobre sus pasos y arrojaría todos sus libros al Sena.

Acaso el mandante deba tener una furia o una desesperada leyenda como tenía él, que lo iluminaba donde fuera, donde escribiera. El mandatario solo puede fingir. Y somos todos mandatarios de algunos pocos que supieron subir la cuesta, muy lejos de donde quedamos confortablemente instalados los otros, los que relatamos el tedio. Esta es la cuestión que desvela y no deja dormir. Y así será hasta el fin del mundo fin.