Somos los buenos?

Ha aparecido Ferrante y eso es una conmoción, claramente buscada y conseguida. La incógnita viene de 2004, o incluso antes, y la famosa escritora desconocida luce una entrada en Wikipedia y un sitio web, todo muy conveniente a su anonimato. La crítica que tiene es muy elogiosa y la cantidad de lectores sube, aunque no podría yo afirmar que se deba al enigma.

El tema se ha transformado en un bastión del feminismo, como oposición a seguir las reglas del patriarcado, por más exagerado que esto pueda parecer. Inclusive en varias notas se la considera casi una heroína de la nueva generación de mujeres independientes. Usted no se ría. Elena Ferrante es nuestra líder, dicen algunos, porque tuvo la valentía de no mostrarse, de no caer en el juego machista de la imagen.

Ahora bien, el periodista que la descubrió lo hizo revisando sus cuentas bancarias y detectando que había recibido dineros de los editores en cantidades coincidentes con sus libros, al menos en fechas. Esto también es un exceso de violencia y hasta rayano en lo criminal. Así no se comportan los buenos de la película. Esto es violencia y la violencia está metiéndose dentro nuestro de formas increíbles e inclementes.

Todo aquello parece un exceso para lo que es, queda claro, un juego promocional. Y cuando escribo esto me doy cuenta que volcaré a todas las mujeres que lo lean en contra mío. O, mejor dicho, a casi todas. Aún me quedan mujeres que piensan.

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