La literatura infinita

Al igual que Borges planeando una biblioteca infinita, tenemos a nuestra disposición una literatura infinita. ¿Como sería eso? Cada vez que leo un texto de Monterrosso o de Ford, se me ocurre pensar las palabras que no han usado. No es poesía, donde una palabra puede ser un mundo, sino prosa, donde las palabras individuales no tienen tanto peso. O sea que pienso en las frases que el tipo no escribió, la luz que no describió, el paisaje que no está en su cuento. Y es así que me encuentro con que tenemos una literatura finita en lo que escribimos, pero infinita en aquellas cosas que no escribimos. Todas las palabras están a nuestra disposición, todas las frases y todos los adjetivos, aún los más extraños o desconocidos. Pero elegimos, elegimos a cada minuto. Y en lo que elegimos también componemos, porque dejamos casi todo el infinito afuera, y nos quedamos con una pequeñísima parte.

 

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