Estalla la mañana

Estalla la mañana, el dia, esa parte de la vigilia que entra por los ojos y se instala dentro de uno. Nada puede impedirlo. Esa lámpara, su forma y su color, acaso sean un código secreto. Los fuegos del dia y la noche desierta, según Rimbaud, impedían que el alma cumpla su promesa. Esos dos vacíos, cada uno a su manera, nos ciegan y no podemos saber qué hacer, qué conviene hacer. Nos dejamos llevar por los fuegos del día; mecánicamente comemos, bebemos, nos regocijamos o nos preocupamos, todo con la misma lógica de que el día, la vigilia, haga de nosotros lo que quiera. Confiamos en llegar a la noche porque siempre ha sido así. Desde que nacimos que siempre llegamos a la noche. Pero la noche es lejana aún. Atravesar este dia es la promesa y el mandato, ambos ritos de un solo cuerpo a ser ejecutados en una larga secuencia no infinita.

Confiemos en el día. Él nos depositará en la noche. Desconfiemos de la noche,  que nos oculta el día de hoy con la promesa de que mañana estallará otra vez la mañana.